Letras de Domingo

Un día como hoy, hace exactamente 4 años, la vida me regaló una nueva oportunidad para vivirla en presente, en calma y con mucha más consciencia.
Por eso, desde hace 4 años, el 15 de febrero se lo dedico a la reflexión de las veces en las que este destierro me ha salvado la vida.
La primera vez, obviamente, fue la de poder vivir, o debo decir, sobrevivir a las amenazas que, implacables, destruyen, cumpliéndose muchas veces, contra todos aquellos venezolanos que pensamos distinto, al terrible régimen que aún hoy nos somete en forma de “gobierno”. Lo que más me importa: mis hijos a salvo… y yo viéndolos crecer…
La segunda vez, ese 15 de febrero que, gracias a un sistema de salud público que funciona y que responde ante las emergencias claras de la salud de quienes vivimos en estas tierras, mi cuerpo dejó de responder y la mitad de él se desconectó por completo. 24 horas de observación, 10 días de hospitalización, 3 meses de rehabilitación y una mente inquieta que decidió despertar de ese golpe con una clara consciencia del valor de la vida y la salud.
Mucha gimnasia cerebral para recuperar mi propia conexión.
Y finalmente, me atrevo a decir que la tercera vez ha ocurrido este año 2026, en el que me he descubierto nuevamente a mí misma, con mis más de 50 años a cuestas, escribiendo sobre la experiencia humana toda, y muy sobre todo sobre la mía, para que otros puedan reflejarse y salvarse, agarrándose de ella y sus hilos de fuerza y esperanza.
Desgarrando el alma
Esculpiendo esperanza
Sintiendo la vida partida
Tiempo empapado de nostalgias
Ilusiones construidas con lágrimas
Esperanzas disfrazadas de nuevas luchas
Rostros distintos
Risas tejiendo nuevas historias de amor
Olvido prohibido, porque soy migrante y jamás me despido de donde SOY.
Hoy, me descubro atrapada entre añoranza y esperanza.
Migrar ha sido descubrimiento interior, no sabía que tenía tanta fuerza ni que podía llorar tantos días seguidos…
Migrar ha sido encuentro con otras formas de ser y estar, aprender a formar parte sin perderme, creo que es de las cosas más difíciles que aprendes cuando eres migrante.
Reordenar identidad, encontrarte a pesar de lo extraviada… dibujar en el cielo las estrellas, no olvidar el olor del mar Caribe, pero enamorarte del oleaje del Cantábrico… no es infidelidad, es otra forma de amar para no perderte para siempre.
Aprender a reír otra vez es parte del camino, sobre todo cuando las lágrimas son las que nos marcaron el ritmo desde que pisamos un día aquellos colores de Cruz Diez, temblando de miedo, pero seguros de que, de algún modo, algún día volveremos.
Poeta Sataí con acento en la í
Pamplona, Navarra, 15 de febrero 2026

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