Letras de domingo

Hoy, con la salsa del maestro Willi Colón de fondo, escribo las letras de este domingo cargado de despedidas.
Se me fue el pana Guille, sin siquiera saberlo, moría lentamente mientras yo de este lado del mundo no me enteraba, intentando no vestirme de tristezas, buscando – como diríamos en nuestra tierra – la locha pal’ pan de los muchachos…
Y así, se suman las despedidas de este exilio, lleno de historias que terminan sin el abrazo y el adiós, que no se parecen en nada a lo que mi alma quería para cuando llegaran estos días en los que ya no sólo mueren los padres de nuestros panas, sino que comienzan a morirse los panas… y de algún modo nos morimos nosotros sin ellos.
Y cómo dice Willi, me quedo en un rincón soñando con las despedidas que no se dieron, escribiendo las palabras que ya sólo las llevará el viento, a ver si por allá en el cielo donde espero estén los que ya se fueron, las reciban con el mismo amor que nos unía en vida.
Una de mis ex-pacientes me dijo algo que me gustó, porque además de ser muestra de su gran trabajo personal en terapia, me llenó de una emoción que no había reconocido en mí, ella me dijo: Sara, sé que duele, pero también recuerda la dicha de haber vivido y de compartir esa vida que tuvieron juntos.
Y sí, la verdad es que por eso, hoy escucho la salsa que tanto le gustaba, miro las fotos de su bello hijo que crece y crece y me dedico a recordar cada palabra, cada sueño, cada salida a trabajar y terminar tarde, cada persona que ayudamos como equipo de trabajo y me alegro de haber tenido la suerte de quererlo y sobre todo de que me quisiera como me quiso.
Gigante desde el alma
Único en su talante
Ilusionado y amante apasionado
LLeno de toda la fuerza del amor a la vida y su labor
Experto en verle lo bueno a cada desastre
Risueño y enamorado
Maestro de empeño, esfuerzo y dedicación
Olvidarte será imposible
Porque te llevo en mi corazón…
Este domingo, se llena de salsas, recuerdos de una historia de luchas, creencias y amor del que te hace siempre mejor.
Se llena de un baile que se mezcla con el dolor, un sabor de alegría y adiós, esa mezcla de esperanza y rabia, que termina por arropar el llanto mientras tomo el café de las mañanas recordando nuestra última conversación.
Somos millones de venezolanos que no nos podemos despedir de quienes nos quedaron en la tierra que nos expulsó. Somos millones de venezolanos que llevamos ese dolor del sin adiós y que en silencio, vamos luchando para no olvidar los sonidos, los olores y el amor que sólo se siente en la patria que nos parió.
Millones no migramos de sueño e ilusión, somos exiliados, desplazados y escapados de un país que se nos perdió, en un odio que nos separó y en un quiebre que sólo desde la verdadera justicia, el perdón y la comprensión podría ser sanado… como le digo a mis pacientes: no, no es fácil, pero se puede, siempre se puede.
Saraí con acento en la í.
Pamplona Navarra 22 de febrero 2026
Deja un comentario