O de cómo construir identidad

Cada cierto tiempo, me reencuentro con mi amigo imaginario de cuando era niña, él sigue siendo un niño que prefiere jugar conmigo a comernos el quesillo de mi madre por los bordes de afuera hacia adentro, pero yo, que ya he crecido y que ahora me hago mi propio quesillo, prefiero conversar con él cosas más serias.
Y justamente después de las letras del domingo pasado, hoy se plantó en mi silencio matutino, cuando tomaba mi café a sola mientras mis hijas duermen, y me preguntó seriamente:
Amigo imaginario: ¿y qué es la paz para ti? …
Yo: …a ver amigo, que venimos de terminar un curso sobre herramientas para la construcción de la paz, que hemos leído más de 200 páginas sobre el tema y aún no sabes qué es la paz? …
Amigo imaginario: No te pregunté por la paz como concepto general, te pregunté por tu paz, qué es la paz para ti…
Indiscutiblemente el silencio del domingo matutino se hizo muuuucho más profundo y complejo… responderme (si, es un diálogo conmigo misma, no estoy psicótica jiji) me ha hecho pensar en muchas cosas.
En las sensaciones que se vinculan a esa “paz” personal, a los pensamientos que la facilitan y a los vínculos que la sostienen.
Después de estos casi 30 años como psicóloga, de casi 8 como migrante-desplazada-exiliada, creo que son los vínculos los que nos ayudan a darle forma a esa sensación de paz. Creo que tiene que ver con esa tranquilidad en el pecho que nos acompaña incluso cuando la estamos pasando mal.
Los vínculos son el espejo en el que nos vamos reconociendo-construyendo y que comienzan con nuestros primeros cuidadores y que luego se extienden hasta llegar nuevamente a nosotros mismos. Tiene la forma de un espiral muy especial que nos comunica constantemente con quienes somos. Nace y muere en nosotros pero pasa por el mundo que nos vamos construyendo en las miradas de quienes nos ven, amados o no, son los otros los que nos ayudan a construir el discurso de nuestros silencios en soledad.
Y es justo allí donde nace esa “paz” que combina abrazos y soledades, que nos permite tener esa voz bajita (que puede ser como la de mi amigo invisible), que nos da ese abrazo profundo de claridad, conciencia, coherencia y honestidad. Y es allí justamente donde nace esa paz, de la claridad de saber qué quiero y cómo, de saber quien soy en cada vínculo que comparto; la conciencia de que aún sin tener toda la información reconozco mi voz en mis acciones que son las que me llevan a la coherencia que termina desenvolviendo las emociones y las palabras y las relaciones de las capas que nos alejan de SER y comenzamos finalmente a ser honestas con nosotras mismas.
Una mirada
espejo silencioso
arrullando el vaivén
oleaje de sangre que sube y baja
cabeza y pies
cielo y tierra
en el medio yo
en tus ojos
en los míos
en los del espejo,
incluso si está roto
la mirada que desenvuelve
como quien saca un bocata
en medio de la playa
una capa de aluminio
otra de papel
el pan
y finalmente
jamón, aceite y tomate
o la arepa
rellena de lo que soy
la paz de mis contradicciones
el encuentro de los ojos y los labios
una mirada
siempre una mirada
soy
en mis ojos que se ven en los tuyos
soy
Poeta Saraí con acento en la í
30 agosto 2026

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